Ligero avanza mi lápiz juglaresco
inventando caminos libres de nieve, polvo y yerba.
Yo lo diviso saltar los viejos troncos
caídos ha mucho y ahora secos.
También lo miro detenerse y volver su mirada
un poco serena
y buscar mis ojos devastados:
es una gacela libre,
un tierno cervatillo el que me busca.
Yo sólo lo miro. Lo miro y no lo llamo;
dejo que descubra sus alas de mariposa
y su alegre canto de jilguero.