Juglaresco

Ligero avanza mi lápiz juglaresco

inventando caminos libres de nieve, polvo y yerba.

Yo lo diviso saltar los viejos troncos

caídos ha mucho y ahora secos.

También lo miro detenerse y volver su mirada

un poco serena

y buscar mis ojos devastados:

es una gacela libre,

un tierno cervatillo el que me busca.

Yo sólo lo miro. Lo miro y no lo llamo;

dejo que descubra sus alas de mariposa

y su alegre canto de jilguero.

La cabeza en la luna

«–Eres un soñador, muchacho — me dijo –. Tienes la cabeza en la luna y me parece a mí que nunca vas a tenerla en otro sitio. No eres ambicioso, el dinero te importa un pepino, y eres demasiado filósofo para tener ningún talento artístico. ¿Qué voy a hacer contigo? Necesitas a alguien que te cuide, alguien que se asegure de que tengas comida en el estómago y un poco de dinero en el bolsillo.»

El palacio de la luna, Paul Auster 2015

Los resultados

«Dejó de preocuparse por los resultados y en consecuencia los términos ‘éxito’ y ‘fracaso’ perdieron todo sentido para él. Descubrió que el verdadero sentido del arte no era crear objetos bellos. Era un método de conocimiento, una forma de penetrar en el mundo y encontrar el sitio que nos corresponder en él, y cualquier cualidad estética que pudiera tener un cuadro determinado no era más que un subproducto casual del esfuerzo de librar esta batalla, de entrar en el corazón de las cosas.»

El palacio de la luna, Paul Auster 2015

Deseo

Pienso en ti cuando hay sombras que desperezan con el sol

¿Sabes que en las alas de las palomas van mis anhelos?

Pienso en ti a 40 grados centígrados

Veo el ardor de tu cuerpo    Lo pienso    Lo retengo en mi memoria

¿Olvidaste que has posado tus ojos sobre mi sexo?

¿Olvidaste cuánto he bebido de ti?

Pienso en esto cuando la ciudad duerme

Leva otra vez la urgencia de un nosotros