Ay, Tarumba, tú ya conoces el deseo.
Jaime Sabines
Te jala, te arrastra, te deshace.
Zumbas como un panal.
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Las cosas que fingimos
A cierta edad, un poco por amor propio, otro poco por picardía, las cosas que más deseamos son las que fingimos no desear.
Marcel Proust
Brindis
Laura Victoria
Voy a partir de nuevo.
Mi camino sin alba y sin ocaso,
en esta noche es turbio interrogante
sobre el vaivén azul del pensamiento,
y en la pálida copa del champaña
mis labios como pétalos de ópalo
inician con su angustia
la vieja caravana del silencio.
Mañana será el mar, la lejanía,
la blanca inmensidad de los recuerdos,
la arena tibia de la playa ardiente,
el cielo claro, el barco solo
en la pleamar de plata,
y a lo lejos como una desbandada,
la luna del olvido en los pañuelos.
Yo misma no sé nada.
No sé qué busco, ni por qué me alejo.
Sólo sé que hay más calma en el oleaje,
más ternura en la brisa
y más fuego en el alma
ligera y veleidosa de los puertos.
Una tarde charolada de brea
me besó un marinero;
tenía dieciocho años,
el cuerpo ágil de color de ámbar,
los músculos de bronce,
la boca extraña como flor de sangre.
Y las pupilas límpidas
eran bajo el palmar de las pestañas
dos horizontes sobre el mar abierto.
Desde entonces hay noche en mis estíos,
y su sonrisa niña
puebla mis soledades
de ninfas y de efebos;
desde entonces sus ojos me persiguen
y al mirar otros ojos
sus pestañas insomnes
suspenden mi deseo.
Porque en todas las bocas que he besado
sólo busco la leche de su aliento,
sólo busco la seda de sus labios
y el sopor deleitoso de sus besos.
¡Por ese niño de cabellos claros,
esta copa de olvido alegre bebo!
Ardor del deseo*
Anoche sollozaba por un vaso de luz,
toda la noche ardí de ser
y amanecí vacía.
Avispero, Enriqueta Ochoa
*Ttítulo inexacto
Deseo
Pienso en ti cuando hay sombras que desperezan con el sol
¿Sabes que en las alas de las palomas van mis anhelos?
Pienso en ti a 40 grados centígrados
Veo el ardor de tu cuerpo Lo pienso Lo retengo en mi memoria
¿Olvidaste que has posado tus ojos sobre mi sexo?
¿Olvidaste cuánto he bebido de ti?
Pienso en esto cuando la ciudad duerme
Leva otra vez la urgencia de un nosotros
Agua que arde
Por tu dulce boca yo
me transformé en sal,
me convertí en hambre.
Por tu piel de arena
y por tus negros ojos,
toda soy agua que arde.
Hambre
Los estertores implacables,
el hambre pélvica
y la sed, terrible sed
que me dejaste