HORA SANTA. CONSOLANDO A JESÚS CORONADO DE ESPINAS Y CONDENADO A MUERTE

Hola, continúo con la serie de Horas a propósito de la Cuaresma. El cuerpo de este cuadernito (los apartados 2, 3 y 4) se ha tomado de la obra de san Alfonso María de Ligorio titulada La Pasión y Muerte de Jesucristo, (Consideraciones y reflexiones de acuerdo con los sagrados evangelistas), Edición en español, Ivory Falls Books. Edición Kindle.

En esta adaptación hice algunos cambios con el objetivo de facilitar a los participantes la continuidad en la celebración, pero el contenido del texto original se mantuvo. Al texto copiado de san Alfonso se le han actualizado algunas palabras u omitido algún párrafo, pero los cambios han sido mínimos. A las meditaciones de este santo se le han agregado oraciones iniciales (1) y finales (7), también se agregó una letanía de adoración a Jesús y su Preciosas Sangre (5) y las súplicas (6), las que ya hemos visto en las Horas anteriores.

La versión adaptada fue revisada por el presbítero Miguel Ángel Cedillo, a quien agradezco mucho su generosa disposición e invaluable ayuda.

El modo de usarse es que por cada letra capital (el número grandote) un participante (distinto cada vez) dirija el segmento, es decir, lo lea en voz alta, y, cada vez que haya un segmento resaltado con negritas lo lean todos los asistentes en voz alta.

Aunque es un texto donde hay referencias, que son los libros de donde tomaron algunos textos o frases y que aparecen entre paréntesis (x), no es necesario que los lectores las lean en voz alta, pues deben concentrarse en lo que la lectura les va diciendo en oración.

Como es costumbre en los cuadernillos u oraciones que les comparto, esta también se ha elaborado en hoja tamaño carta y con letra grande considerando que, en muchas ocasiones, los asistentes son personas adultas.

Además, lo pueden imprimir a doble cara y engrapado quedará como un cuadernillo, lo que les facilitará su manejo. Que por caridad al imprimirlo saquen varios juegos para que todos los asistentes puedan participar.

Si tienen observaciones, recomendaciones o peticiones les agradecería mucho que me dejaran un comentario al respecto.

En el proceso de adaptación, para la confrontación de las citas bíblicas se consultaron la Sagrada Biblia de la Universidad de Navarra, Edición latinoamericana, EUNSA Ediciones Universidad de Navarra, Edición de Kindle. Y la Sagrada Biblia de Jerusalén, Edición en español, de la Escuela Bíblica y Arqueológica de Jerusalén, Editorial Desclée de Brouwer. Edición Kindle. Mientras que las súplicas fueron tomadas de la Hora Santa Consolando el corazón de Jesús, misma que fue bajada de http://www.corazondejesus.es/.

HORA SANTA. CONSOLANDO A JESÚS APRESADO Y FLAGELADO

Continuamos compartiendo la serie de Horas para que las realicen en comunidad cuando no haya sacerdote presente, al menos con ese objetivo la he realizado.

El cuerpo central de esta adaptación se ha tomado de la obra de san Alfonso María de Ligorio titulada La Pasión y Muerte de Jesucristo, (Consideraciones y reflexiones de acuerdo con los sagrados evangelistas), Edición en español, Ivory Falls Books. Edición Kindle.

En esta versión hice algunos cambios con el objetivo de facilitar a los participantes la continuidad en la celebración, pero el contenido del texto original se mantuvo. En general, se han actualizado o quitado palabras, u omitido algún párrafo, sin embargo, los cambios han sido mínimos. Las secciones copiadas se han entrecomillado (x) y son el contenido de las capitales 2, 3, 4 y 5. A las meditaciones de este santo se han agregado unas oraciones iniciales (capital 1) y finales (capital 7), así como unas súplicas (capital 6).

La versión adaptada fue revisada por el presbítero Miguel Ángel Cedillo con quien estoy muy agradecida por su amable disposición y valiosa ayuda.

El modo de usarse es que por cada letra capital (el número grandote) un participante (distinto cada vez) dirija el segmento, es decir, lo lea en voz alta, y, cada vez que haya un segmento resaltado con negritas lo lean todos los asistentes en voz alta.

Aunque es un texto donde hay referencias, que son los libros de donde tomaron algunos textos o frases y que aparecen entre paréntesis (x), no es necesario que los lectores las lean, pues deben concentrarse en lo que la lectura les va diciendo en oración.

Se ha elaborado en hoja tamaño carta y con letra grande considerando que, en muchas ocasiones, los asistentes son personas adultas.

Además, lo pueden imprimir a doble cara y engrapado quedará como un cuadernillo, lo que les facilitará su manejo. Que por caridad al imprimirlo saquen varios juegos para que todos los asistentes puedan participar.

Para la confrontación de las citas bíblicas se consultaron la Sagrada Biblia de la Universidad de Navarra, Edición latinoamericana, EUNSA Ediciones Universidad de Navarra, Edición de Kindle. Y la Sagrada Biblia de Jerusalén, Edición en español, de la Escuela Bíblica y Arqueológica de Jerusalén, Editorial Desclée de Brouwer. Edición Kindle.

Las súplicas fueron tomadas de la Hora Santa Consolando el corazón de Jesús, misma que fue bajada de http://www.corazondejesus.es/, y que fue adaptada como H. S. 1 Consolando a Jesús: la última Cena y la agonía en el huerto.

HORA SANTA. CONSOLANDO A JESÚS: LA ÚLTIMA CENA Y LA AGONÍA EN EL HUERTO

Hola, en esta cuaresma les estaré compartiendo una serie de adaptaciones para realizar durante la Hora Santa cuando no haya sacerdote que celebre, y sólo la comunidad se reúne para acompañar y adorar a Nuestro Señor.

La que hoy les comparto fue tomada de http://www.corazondejesus.es/ y su título original es Consolando el corazón de Jesús.

La versión adaptada fue revisada por el presbítero Miguel Ángel Cedillo, a quien agradezco mucho su generosa disposición y valiosa ayuda.

En esta versión hice algunos cambios como, por ejemplo, di un nuevo formato con el objetivo de facilitar a los participantes la continuidad en la celebración, agregué algunas invocaciones para introducirnos en las meditaciones, pero el contenido del texto original se mantuvo.

El modo de usarse es que por cada letra capital (el número grandote) un participante (distinto cada vez) dirija el segmento, es decir, lo lea en voz alta, y, cada vez que haya un segmento resaltado con negritas, lo lean todos los asistentes en voz alta.
Aunque es un texto donde abundan las referencias, que son los libros de donde tomaron algunos textos o frases y que aparecen entre paréntesis (x), no es necesario que los lectores las lean, pues deben concentrarse en lo que la lectura les va diciendo en oración.
Como lo he venido haciendo, está en hoja tamaño carta y con letra grande considerando que, en muchas ocasiones, los asistentes son personas adultas.
Además, lo pueden imprimir a doble cara y engrapado quedará como un cuadernillo, lo que les facilitará su manejo. Que por caridad al imprimirlo saquen varios juegos para que todos los asistentes puedan participar

La hija

Para Ña Piedad

Ligeramente asomó la cabeza después de oír los pasos. Viene Hestia. Apresurada, de una pila de sillas despegó la que había comprado el último domingo de cuaresma, la puso frente a la hoja abierta de la puerta y sentándose abrió el devocionario pequeño y azul. Sus diminutos ojos detenidos sobre las letras negras se levantaban como si alguien pudiera descubrirla en un asunto inapropiado, entonces furtiva observaba el suelo grisáceo de la calle procurando alcanzar alguna sombra. ¡Dios mío! he dejado la olla de verduras en la lumbre. Permaneció sentada aguzando el oído pues los pasos habían dejado de escucharse. Restiró su falda negra y miró su blusa con encaje en el pecho. No es Hestia, ¿será la niña de Blanca?

Cincuenta años atrás tuvo una blusita blanca con encaje en el pecho. Su padre la había traído de la ciudad de Puebla. Ella se ponía la blusita y salía a las calles con su canasto colmado de semilla de cacao. Estaba segura de que ninguna muchacha del pueblo podía sentirse igual ni caminar con el porte suyo ¡Qué blanca era la blusa y qué bien contrastaba con su cesto lleno de semilla negra! Por la calle de la Inmaculada, sentada en una silleta de palma, la tía Luz le gritaba gozosa: ¡Adiós, Pedacito de corazón! y ella sonriente y radiante respondía cortésmente: ¡Buenos días tenga usted, tía Luz! y cruzando las manos pedía la bendición. ¡Serás feliz, Pedacito, serás feliz porque eres buena hija…! musitaba la anciana mientras la veía bajar por la calle que entonces no tenía cemento grabado con líneas paralelas como ahora. (O acaso no las había visto).

Algún día la niña de Blanca será como Hestia y Hestia será como yo de la misma manera en que yo soy como fue la tía Luz hace tantos años. Me acuerdo del rebozo de hilo blanco que tenía la tía, no había otro igual en el pueblo ni en los alrededores. Su padre lo había traído de Tulcingo para la abuela Jacinta, pero finalmente como Luz era la hija se lo dio a ella. También mi blusita blanca era para mi madre, pero como yo era la hija me la dieron a mi. Hestia se quedó con un paño de seda. ¿Qué irán a darle a la hija de Blanca? Aunque la hija de Blanca deja ver que tiene carácter; tal vez no sea la hija, pero debería. Por eso cuando pasa le digo que será feliz, pero ella no es cortés conmigo y me mira como un perrillo desconfiado y hasta camina más deprisa. No sé qué pasará con ellos. En cambio, Hestia es más tranquila; y no por eso, estuvo a punto de no cumplir su destino andando de enamorada con el tortillero que venía de Las Palomas. ¡Ah! ¿Acaso no olvidaré algún día al joven aquél que vino de Chiapas? Pero a estas alturas de mi vida… Me dijo que le partía el corazón y el mío quedaba muerto, pero era la hija.

Pobre Hestia, le ofreceré un pan de dulce o un refresco. Dejó a un lado el devocionario y asomó nuevamente la cabeza. Los pasos sonaron más pesados y cercanos. Es Pedro. Se levantó, agarró otra silla de plástico verde y la dejó a un lado suyo. El reloj de la iglesia dio siete campanadas. Ella miró el reloj. Sí, son las siete. Luego creyó escuchar los pasos en la acera y restiró de nuevo la falda negra y la blusa con encaje, acercó un poco más la vieja silla verde cuando se percató con cierto sobresalto que los pasos se alejaban. Va a la casa de Liborio. Subió los pies en la silla verde, agarró el devocionario, lo abrió al azar y cerrándolo suspiró. Mis padres. ¡Cuántos años los cuidé y al final me dejaron sola! ¡Sola! Pero cumplí mi deber.

Prendió el televisor. Mañana jueves se van Pedro y Hestia; y la hija de Blanca apenas se deja ver por esta calle. Otra vez tendré que esperar horas y horas para mirar gente, para hablar con alguien. Ojalá Hestia renuncie a ser la hija, y la niña de Blanca renuncie también a su destino. Subió el volumen mientras el reloj de la iglesia repicó siete veces otra vez.