Canción del arquero flechador

Cantares de Dzilbalché

Trad. Alfredo Barrera Vásquez

Espiador, espiador de los árboles,

a uno, a dos

vamos a cazar a orillas de la arboleda

en danza ligera hasta tres.

Bien alza la frente,

bien avizora el ojo;

no hagas yerro

para coger el premio.

Bien aguzado has la punta de tu flecha,

bien enastada has la cuerda

de tu arco; puesta tienes buena

resina de catsim en las plumas

del extremo de la vara de tu flecha.

Bien untado has

grasa de ciervo macho

en tus bíceps, en tus muslos

en tus rodillas, en tus gemelos,

en tus costillas, en tu pecho.

Da tres ligeras vueltas

alrededor de la columna pétrea pintada,

aquella donde atado está aquel viril

muchacho, impoluto, virgen, hombre.

Da la primera; a la segunda

coge tu arco, ponle su dardo

apúntale al pecho; no es necesario

que pongas toda tu fuerza para

asaetearlo, para no

herirlo hasta lo hondo de sus carnes

y así pueda sufrir

poco a poco, que así lo quiso

el Bello Señor Dios.

A la segunda vuelta que des a esa

columna pétrea azul, segunda vuelta

que dieres, fléchalo otra vez.

Eso habrás de hacerlo sin

dejar de danzar, porque

así lo hacen los buenos

escuderos peleadores hombres que

se escogen para dar gusto

a los ojos del Señor Dios.

Así como asoma el sol

por sobre el bosque al oriente

comienza, del flechador arquero,

el canto. Aquellos escuderos

peleadores, lo ponen todo.