Enriqueta Ochoa
Desarráigame ahora que un viento de sepulcros
me golpea en las arterias.
Desarráigame ahora.
…
Y yo siempre te dije
que no, que no, y que no;
que en mí no dispersaras el polvo de otro polvo
y no hincarás más soles en el río de mis venas.