Por estos misterios santos de que hace el alma recuerdo te pedimos, oh María, con tierno y devoto pecho de nuestra Fe sacrosanta la conservación y aumento. Torna tus divinos ojos hacia tu cristiano pueblo, da a tu Iglesia la victoria y al mundo grato sosiego, serena las tempestades que airado descarga el cielo y del pontífice augusto mitiga el dolor acerbo. Las terrenas potestades sigan de Dios los preceptos porque la Justicia torne y a Dios vayan sus esfuerzos, que a Dios el gentil conozca, su error abjure el soberbio que de la Verdad aparta corazón y entendimiento, goce puerto el navegante y la salud el enfermo, las almas del purgatorio gozosas vayan al cielo. Y que este santo ejercicio tenga, oh Madre, tal aumento en todo el orbe cristiano que fiel adora al Dios bueno, que de continua alabanza sean tus glorias objeto y por tu amor merezcamos gozar del eterno premio. Amén

* Se tomó del libro El devoto del purgatorio, del padre jesuita Antonio Donadoni, libro que de viejo y usado (y remendado por su dueña, mi abuelita qpd) no tiene ya ni el año ni el lugar de la edición, aunque debe rondar el tercer cuarto del siglo XX.