En tus manos blancas
llevas la madeja de tus ilusiones,
muertas para siempre, y sobre tu alma
la pasión hambrienta de besos de fuego
Lorca
Tus manos blancas
sobre el cuaderno blanco
donde escribes con tinta negra
el gris futuro de tus quimeras
Tus manos blancas
sobre el cuaderno blanco
arrastrándose ligeras
como culebras sobre la arena
blanca de los desiertos albos
Y tu cabellera cayendo
gusanos de seda
en el lupanar de una guanábana
sobrepelliz de viento negro
Tus manos blancas
plumas de ave y rayos de sol
en las viejas letras donde los viejos poetas
labraron caminos a un lado
de los vasos de licor
Tus blancas manos, malditas,
que me hicieron llorar a Baudeliere cuando
esperaba a su puta amada
en el rincón del cuarto en que murió
Fue él y no Rimbau ni Zola
ni Paz ni Neruda ni Sabines
ni mi loco enternecedor de cielos
ni… bah! Nadie sino él
quien llegó buscando tus blancas manos
caídas sobre tu cuaderno
blanco
arrastrando tinta negra
(un alma semejante a la mía)
hasta un frasco de ajeno licor