«Conforme avanzaba, se iba intensificando más y más la sensación de que el cuerpo ya no me pertenecía. Me dije que probablemente se debía a que no podía verme a mí mismo. Aunque me llevara la palma de la mano ante los ojos, no podía distinguirla.»
El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, Haruki Murakami 2016