«En lo más profundo de la conciencia, todos tenemos una especie de núcleo, inaccesible para nosotros mismos. En mi caso, es una ciudad. La cruza un río y está rodeada por una alta muralla de ladrillo. Los habitantes de la ciudad no pueden vivir fuera. Solo pueden salir los unicornios. Los unicornios absorben, como si fuera papel secante, los egos de los habitantes de la ciudad y los conducen al otro lado de la muralla. Por eso en la ciudad no hay egos. Y yo vivo en esa ciudad. Eso es todo.»
El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, Haruki Murakami 2016