Fernando Pessoa
Lluvia cae del cielo ceniciento
que no tiene razón de ser.
Incluso mi pensamiento
tiene lluvia escurriendo en él.
Fernando Pessoa
Lluvia cae del cielo ceniciento
que no tiene razón de ser.
Incluso mi pensamiento
tiene lluvia escurriendo en él.
Llegó hasta mí. Se posó suavemente y contemplé su plumaje blanco y un par de manchas grises y azuladas, parecidas a los pies de las nubes que traen la buena nueva de la lluvia.
Me alegré mucho al verla llegar; quise cogerla y estiré la mano derecha pero ella dio un corto brinquito, huyendo apenas de mí, casi fingiendo. La miré con ternura, y decidí no tocarla cuando comprendí que estaba lastimada de una pata; al menos eso mostraba en su conducta, aunque luego alcancé a verle la pata izquierda y tenía un suave color rosado, como de buena salud.
Me quedé contenta y me conformé con su llegada. Resolví no intentar tocarla, pero ofrecerle de comer. La miré otra vez, echadita y tranquila, y me vi a mí misma, de pie.