Las palabras están enfermas porque nadie las comprende. Padecen polisemia.
Se juntan unas con otras, se solidarizan, pero los hombres
tienen la mirada perpleja.
Danzan entonces con sus formas promiscuas.
Se disfrazan de aromas
y de colores adquieren quintaesencia.
Mas los hombres tienen la mirada perpleja.
Por montones acuden al sillón del siquiatra que rara vez aclara su espíritu convexo;
otras comienzan civitas dei que culminan en peregrinaciones a La Meca.
Algunas no soportan, se suicidan; otras
planean ataques terroristas; y otras absurdas deambulan posesas.
Y los hombres, convencidos, tienen la mirada perpleja.