Oráculo

Fue hace muchos años y apenas lo recuerdo. Alguien me avisó que don Luís había muerto y fui a rezar un rosario por su descanso. Fui con cierta premura porque ya era la hora en que tenía que irme. Apenas terminé y me salí seguida de algunas personas; no sé si fue mi hermana, aunque tengo esa sensación. Al salir alguien me dio una rebanada de pastel de chocolate, creo que fue Luisa… se veía sabroso; pero tenía prisa y no lo comí, sino que agarré la calle.

Me sorprendí caminando en una costa, con arena blanca y una gran roca a mi lado izquierdo, de esas rocas en las que se estrellan las olas del mar cuando está encrespado. Y vi también un barco; más bien, la proa de un barco, grande también. Pero no me subí porque yo iba buscando a Conrado, tu padre, y por eso tenía apuro. Y supe, no sé por qué, que lo que veía era un oráculo. Que la suerte se echaría cuando don Luís falleciera, y que la decisión de esperar a tu padre o irme buscando otra vida estarían allí, reunidos en ese punto del tiempo, como cuando en una cafetería se dan cita tres viejos amigos.

Fábricas del amor

Juan Gelman

Y construí tu rostro.
Con adivinaciones del amor, construía tu rostro
en los lejanos patios de la infancia.
Albañil con vergüenza,
yo me oculté del mundo para tallar tu imagen,
para darte la voz,
para poner dulzura en tu saliva.
Cuántas veces temblé
apenas si cubierto por la luz del verano
mientras te describía por mi sangre.
Pura mía,
estás hecha de cuántas estaciones
y tu gracia desciende como cuántos crepúsculos.
Cuántas de mis jornadas inventaron tus manos.
Qué infinito de besos contra la soledad
hunde tus pasos en el polvo.
Yo te oficié, te recité por los caminos,
escribí todos tus nombres al fondo de mi sombra,
te hice un sitio en mi lecho,
te amé, estela invisible, noche a noche.
Así fue que cantaron los silencios.
Años y años trabajé para hacerte
antes de oír un solo sonido de tu alma.

Tu pie pisaba mi corazón*

Juan Ramón Jiménez

Te conocí, porque al mirar la huella

de tu pie en el sendero,

me dolió el corazón que me pisaste.

Corrí loco; busqué por todo el día,

como un perro sin amo.

…¡Te habías ido ya! Y tu pie

pisaba mi corazón en un huir sin término

cual si él fuera el camino

que te llevaba para siempre…

*Título inexacto