El otro, el que me amaba

Y me puse a llamarlo más dulcemente, en lágrimas. Todas las noches le llamo; no a él: al otro, al que me amaba. Y me pregunto si no preferiría que estuviera muerto. Me decía: la muerte es el único mal irreparable; si me dejara, me curaría. La muerte era horrible porque era posible, la ruptura soportable porque no me la imaginaba. Pero de hecho, me digo que si estuviera muerto al menos sabría a quién he perdido y quién soy yo. Ya no sé nada más.

La mujer rota, Simone de Beauvoir

Exilio (fragmento)

Alejandra Pizarnik

Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.

¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?

Siniestro delirio amar a una sombra.

Dualidad

Laura Victoria

Yo misma no lo sé, pero vencida,
rendí a su orgullo mi virtud pagana,
y fui por un momento cortesana,
en el sarcasmo de mi propia vida.

Con beso ausente refresqué su herida,
absorta en él me le fingí lejana,
su voluntad despedacé liviana
y su pasión hallóme arrepentida.

Fue un instante no más. Placer no hubo.
Pero su boca entre mi boca tuvo
amor y angustia, languidez y olvido.

Sobre el cansancio me tendí cobarde
y fui para su anhelo aquella tarde
tan grande y cruel como jamás lo he sido.

Leve jirón de niebla

Salvador Novo

Al poema confío la pena de perderte.

He de lavar mis ojos de los azules tuyos,

faros que prolongaron mi naufragio.

He de coger mi vida deshecha entre tus manos,

leve jirón de niebla

que el viento entre sus alas efímeras dispersa.

Vuelva la noche a mí, muda y eterna,

del dialogo privado de soñarte,

indiferente a un día

que ha de hallarnos ajenos y distantes.

*Título inexacto

La casa

“Pavel habita un piso de la casa y ella otro”

Mi mujer y Flores tardías, Anton Chejov

Del amor que sintieron una tarde frente al mar, Alegría sentía una desconfianza confirmada. Elí caminaba en el piso de arriba y sus pasos resonaban. Ella golpeó el techo con un palo de escoba, y el dejó caer algo que sonó hueco y pesado.

Siempre era lo mismo. Cada noche. Desde el día en que decidieron separarse, dividir la casa y repartir los muebles, sellaron las escaleras internas y dejaron unas metálicas que no tenían barandal. Elí subía con la agilidad de un hombre de 60, y ella lo miraba desde la ventana deseando que alguna de esas veces él se cayera y la dejara en paz de una vez para siempre. Pero él subía cada noche. Los amigos subían con él, y las amigas la miraban casi indiferentes desde el otro lado de la ventana mientras subían, entre risas suaves y disimuladas.

Cierto, alguna vez las fiestas diarias le parecieron fabulosas, pero ahora, excluida, sentía dolor en el cuerpo cuando veía que todo comenzaba arriba. Abrazaba una almohada mientras le decía que Elí, su padre, no lo quería, que era un mal hombre, que no le daba gasto para la ropa y la comida y la escuela, que ella en cambio siempre estaba al pendiente de que no le faltara nada.

Elí bajaba por las madrugadas con un morral, dejaba una botella de leche en la puerta y se iba. Ella recogía la botella y tomaba la leche mientras mascullaba que Elí era en verdad insoportable. Recordaba esas mañanas cuando Elí salía de su cama después de darle el beso en los labios, y ella se levantaba para rodearlo con los brazos y detenerlos cinco minutos más.

Predicción

Mañana saldrá el corazón de su eje. Partirá la tierra en dos y sus polos magnéticos cambiaran su centro. Un maremoto sacudirá todas las costas de todos los continentes. Las montañas cederán a los collados y las praderas se tornarán abruptas. El cielo lloverá sangre. El dolor mismo del dolor conocerás. Y la indolencia pedirás como signo de paz, pues todo habrá cambiado en ti.

Amarás.

Amarás por única vez en tu vida. De la manera en que jamás imaginaste, pero que siempre has vivido. Amarás sin objeto amado. Amarás como yo amo: sin ser correspondido. Amarás en la desesperación y en el tormento; en la alegría y en la euforia. Amarás la mirada, el aliento, la palabra, el movimiento. Amarás la sombra. La presencia y la ausencia.