Pedir posada

AFUERA
1
En nombre del cielo
os pido posada,
pues no puede andar
mi esposa amada.
 
No seas inhumano,
tennos caridad,
que el Dios de los cielos
te lo premiará.
 
Venimos rendidos
desde Nazaret,
yo soy carpintero
de nombre José.
 
2
Posada te pide,
amado casero,
por sólo una noche
la Reina del Cielo.
 
Mi esposa es María,
es Reina del Cielo,
y Madre va a ser
del Divino Verbo.
 
Dios pague, señores,
vuestra caridad,
y que os colme el cielo
de felicidad.
 
ADENTRO
1
Aquí no es mesón,
sigan adelante,
yo no puedo abrir,
no se algún tunante.
 
Ya se pueden ir
y no molestar,
porque si me enfado
os voy a apalear.
 
No me importa el nombre,
déjenme dormir,
pues que ya les digo
que no hemos de abrir.
 
2
Pues si es una reina
quien lo solicita,
¿cómo es que de noche
anda tan solita?
 
¿Eres tú, José?
¿Tu esposa es María?
Entren peregrinos
no los conocía.
 
Dichosa la casa
que alberga este día
a la Virgen pura,
la hermosa María.
 
TODOS
Entren Santo Peregrinos, peregrinos
Reciban este rincón
Que aunque es pobre la morada, la morada
se las doy de corazón.
Cantemos con alegría, con alegría
todos al considerar,
que Jesús, José y María, José y María
nos vinieron hoy a honrar.
 

Canción del arquero flechador

Cantares de Dzilbalché

Trad. Alfredo Barrera Vásquez

Espiador, espiador de los árboles,

a uno, a dos

vamos a cazar a orillas de la arboleda

en danza ligera hasta tres.

Bien alza la frente,

bien avizora el ojo;

no hagas yerro

para coger el premio.

Bien aguzado has la punta de tu flecha,

bien enastada has la cuerda

de tu arco; puesta tienes buena

resina de catsim en las plumas

del extremo de la vara de tu flecha.

Bien untado has

grasa de ciervo macho

en tus bíceps, en tus muslos

en tus rodillas, en tus gemelos,

en tus costillas, en tu pecho.

Da tres ligeras vueltas

alrededor de la columna pétrea pintada,

aquella donde atado está aquel viril

muchacho, impoluto, virgen, hombre.

Da la primera; a la segunda

coge tu arco, ponle su dardo

apúntale al pecho; no es necesario

que pongas toda tu fuerza para

asaetearlo, para no

herirlo hasta lo hondo de sus carnes

y así pueda sufrir

poco a poco, que así lo quiso

el Bello Señor Dios.

A la segunda vuelta que des a esa

columna pétrea azul, segunda vuelta

que dieres, fléchalo otra vez.

Eso habrás de hacerlo sin

dejar de danzar, porque

así lo hacen los buenos

escuderos peleadores hombres que

se escogen para dar gusto

a los ojos del Señor Dios.

Así como asoma el sol

por sobre el bosque al oriente

comienza, del flechador arquero,

el canto. Aquellos escuderos

peleadores, lo ponen todo.

Anhelo

Laura Victorira

Esta noche de raso me he enfermado de luna
y el perfume del huerto se me fue al corazón,
son por eso mis ojos dos diamantes azules
dilatados por una brujería de amor.

Ese beso que a tiempo me pediste temblando
esta noche en mis labios es granada en sazón.
Dime, loco bohemio… ¿no presientes acaso
el panal que te ofrecen mis caricias en flor?

Nadie pasa… El camino serpentea en la sombra
mancillando la calma con su inquieto blancor…
En mi boca los besos son angustia infinita
y mi cuerpo es un nido palpitante de sol.

Ya lo ves, cuando ansioso me pediste ese beso,
se nevaron mis labios con tu claro fervor,
y esta noche, que hubieras agotado tus ansias,
por creerme de hielo sepultaste mi voz.

Oración de la Vela maravillosa

Autor desconocido*

Por la señal de la Santa Cruz y por las oraciones de la Santa Iglesia: líbranos, Señor, de nuestros enemigos de alma y cuerpo.

Por la señal de la Santa Cruz y por las oraciones de la Santa Iglesia: aleja, Señor, a nuestros enemigos de alma y cuerpo.

Por la señal de la Santa Cruz y por las oraciones de la Santa Iglesia: ciega, Señor, a nuestros enemigos de alma y cuerpo.

Por la señal de la Santa Cruz y por las oraciones de la Santa Iglesia: cierra, Señor, las puertas de nuestras casas y desbarata los perversos planes de nuestros enemigos de alma y cuerpo.

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios Nuestro, en el Nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo, amén.

* Esta oración la aprendí de mi abuelita paterna, oración que rezaban los arrieros cuando tenían que emprender camino por la sierra mexicana, en soledades y en peligros de asaltantes o de animales salvajes a los que llamaban fieras. Nos daba testimonio, lo mismo que yo doy, de que se trata de una oración poderosa, aunque se vea sencilla.

Para rezarla se hace la señal de Cruz a la manera de persignarse.