Mujer moderna

Mi madre me miraba desde la ventana diciendo, mientras movía la cabeza de un lado a otro negándome cualquier posibilidad de éxito, Va a secársete el cerebro y ya no podrás pensar. Mira, lo que debes hacer es buscarte un maridillo que no sepa la ‘o’ por lo redondo pero que te mantenga… ¡Muchacha, atiéndeme!

Yo estaba leyendo un libro que hablaba de ciertas éticas relativas o relativizables, de valores morales a capricho de no sé qué pensador famoso y actual que pretende que la educación se haga mediante el dialogo amistoso entre padres e hijos… (¿A quién le importa?) Y miraba a mi madre con el rabillo del ojo. “¿Por qué no me voy?” dije para mí, pero el sol caía con tal violencia que era mejor escuchar esa perorata absurda.

Deja ya esos libracos de muchacha sin quehacer… ¡Por lo menos aprende a cocinar! ¡Va ha hacerte falta para que te mantengas, o para tengas contento a tu marido! El sol es en verdad un amigo encimoso: calentaba mi cabeza al mismo tiempo que mi madre. Ya había cerrado el libro y buscaba en los cirros rojizos el rostro de mi príncipe absurdo; aquel por el que me apuraba mi madre. Y ella continuaba hablando, creo que sonreía por algo que había dicho y le había parecido gracioso…

¡Ya te veré!, enfatizó, Ya te veré con el maridito apurándote…  a ver si con él te haces maje, a ver si con él flojeas como lo haces… Te traerá moviendo la escoba por todos los rincones de la casa y a todas horas…, y se reía, burlona, como mirándome en un cuartucho de lámina a las orillas de la ciudad donde la marginación no puede ser más extrema, y se ríe.

No es posible continuar filosofando. En las condiciones ultrajantes en que me hallo, ser una mujer moderna no es posible.

Buscaré el depilador: es la modernidad asequible.

Cita

Libertad amarga

“Atima Silencio llegaba al límite de su fuerza. Y las palabras que el amo de la hacienda le había dicho el día que le dio la libertad, volvían sin cesar a su memoria: ‘Escuchá bien esto, ¡vas a volver pronto! ¡Vas a volver suplicando! ¿Cómo imaginás la libertad, desgraciada? Anda nomás…, que ya te voy a ver con la mano extendida’.

El amo tenía razón. La libertad era atroz, era amarga”.

El espejo africano, Liliana Bodoc.

Destinatario

Escribo poemas de amor para alguien que no existe

o existe en aquel futuro cristiano

en donde ‘algún día seré feliz’

(manía de la buena esperanza).

Me mantiene al día,

fuerte en la civilización del futuro que ya

             nos ha rebasado

(hay quien le llama posmodernismo)

en los tiempos de la buena gente y la solidaridad,

en los tiempos de la democracia y

de la pronunciada equidad de géneros,

por que, después de todo,

¿Para qué quiere una buena mujer

conocer de amores?

Escribo poemas de amor,

susurro al oído de alguien amado

varios ‘te quiero’, sentidos ‘te amo’,

y lo avisoro levantarse al amanecer

y volver por la tarde,

justo cuando comienza el frescor

y hacen falta el abrazo y la sonrisa.