El otro, el que me amaba

Y me puse a llamarlo más dulcemente, en lágrimas. Todas las noches le llamo; no a él: al otro, al que me amaba. Y me pregunto si no preferiría que estuviera muerto. Me decía: la muerte es el único mal irreparable; si me dejara, me curaría. La muerte era horrible porque era posible, la ruptura soportable porque no me la imaginaba. Pero de hecho, me digo que si estuviera muerto al menos sabría a quién he perdido y quién soy yo. Ya no sé nada más.

La mujer rota, Simone de Beauvoir

Difícil es el camino

Li Bo

En la copa de oro, el vino de arroz vale una fortuna
En el plato de jade, el manjar vale diez mil monedas
Poso la copa, tiro los palillos, incapaz de comer
Desenvaino la espada y miro a mi alrededor, mi corazón está
lleno de incertidumbre
Quisiera cruzar el rio Amarillo, el hielo aprisiona sus aguas
Me dispongo a subir al monte Tai Hang, la nieve cubre las montañas
En mi ocio, me dedico a pescar en el torrente de jade
De repente, vuelvo al barco, soñando con acercarme al sol
¡Difícil es el camino! ¡Difícil es el camino!
¡Muchos son los vericuetos! ¿Dónde me encuentro ahora?
El viento constante irrumpe en las olas, un tiempo vendrá
en que haré las velas de nubes, navegando por el mar esmeralda