En una mirada


¿Cómo restaurar la humanidad

mientras asoma la tarde

me pregunto   cariño mío?

Si acaso estamos vivos

si cuando encontré tus ojos

nos leímos bien

Ayer brilló la luna y la contemplé

imaginando que permanecíamos uno junto a otro

con nuestros miedos y arrojos

Luego pensé en la gente del mundo

que sufre la violencia de tantas inquietudes

que tiene árida la esperanza

pero mitiga el hambre y la sed

el agotamiento y el sexo

sentada frente al televisor

y ante las injusticias

sólo exclaman ¡Es una pena!

¡Cuánta maldad hay en el mundo!

¡Qué Dios nos proteja!

Yo pienso en ti  cariño mío  mientras

lloro de tristeza  ¿Qué haremos juntos?

¿Qué haremos separados?

Afuera el hombre vive al día

camina con la celeridad del google glass

y la multitud de idiomas a cuestas

–¡Todo es progreso!–

Pero mi corazón se aprieta

Y pienso en ti   El presidente                  

el policía  el tendero

el vecino  el microbusero y la puta

jugando a que somos felices

a que la tierra gira   a que es suficiente

trabajar  coger  tomar cerveza

Y no digo nada que tú  cariño mío  no sepas

No digo nada que a ti  carne mía  no te duela

Y el ir y venir de mis pensamientos

que tan pronto van a ti   entibiando

con tu recuerdo mis piernas

se encamina a las niñas violadas

a los obreros con sus pies asalariados

a los que talan árboles y aniquilan ceibas

a los que han olvidado que sale el sol

por el oriente todavía

¡Cariño mío! ¿Qué haremos si apenas somos

una mota en la arena?

Desearía tener un cincel con punta universal

Cariño mío  ¿Qué haremos?

Si no puedes mirarme  si no puedo mirarte

¿Acaso se puede restaurar la humanidad?

¿Dónde hallaremos la esperanza? ¿Debe un ángel

tomar carne para consolarnos?

No tengo palabras que sean mías

Con tristeza enuncio

No tengo palabras que sean mías  cariño mío

Solo me quiebra mi pueblo

Solo me aturde esta querencia

En espera

Hace siglos que dejé el vicio de la pluma. Poco después también olvidé el uso del lápiz y la goma. Olvidé todo. Los pocos albores de los tres años se desvanecieron con la primera penetración; y aquella profunda dulzura furiosa que, dicen, arde en los besos, quedó ahogada en la telaraña de una boca salivosa a los seis años y medio. ¿Qué puede sobrevivir?

Se fueron mis manos y mis pies cuando estuve lista para parir el primer hijo. Fue una atroz coincidencia. Primero apareció un gemido agudo en medio de la noche, luego fueron quejidos gozosos. Estuve creyendo que si permanecía estática todo acabaría rápido, pero se prolongó tanto que di manotazos a los proyectos. Así acabé alejándolos. La primera vez tenía quince años; la segunda no sé.

Quedó una tumba. La ausencia de la pluma y del lápiz están ahí ocupando un tiempo y un espacio, el extraño hueco de la goma trabaja.

Habrá que buscar. ¿Pero qué buscamos? Al amanecer caminé hacia el campo, extendí mi mano, hacía frío y se divisaban algunos lejanos puntos brillantes en el cielo, quise que fueran estrellas. No había deseos. O tal vez sí en el microcosmos que soy.

Se escucha el latido.