Juan Gelman
Yo no sabía que
no tenerte podía ser dulce como
nombrarte para que vengas aunque
no vengas y no haya sino
tu ausencia tan
dura como el golpe que
me di en la cara pensando en vos
Juan Gelman
Yo no sabía que
no tenerte podía ser dulce como
nombrarte para que vengas aunque
no vengas y no haya sino
tu ausencia tan
dura como el golpe que
me di en la cara pensando en vos
¿Cómo restaurar la humanidad
mientras asoma la tarde
me pregunto cariño mío?
Si acaso estamos vivos
si cuando encontré tus ojos
nos leímos bien
Ayer brilló la luna y la contemplé
imaginando que permanecíamos uno junto a otro
con nuestros miedos y arrojos
Luego pensé en la gente del mundo
que sufre la violencia de tantas inquietudes
que tiene árida la esperanza
pero mitiga el hambre y la sed
el agotamiento y el sexo
sentada frente al televisor
y ante las injusticias
sólo exclaman ¡Es una pena!
¡Cuánta maldad hay en el mundo!
¡Qué Dios nos proteja!
Yo pienso en ti cariño mío mientras
lloro de tristeza ¿Qué haremos juntos?
¿Qué haremos separados?
Afuera el hombre vive al día
camina con la celeridad del google glass
y la multitud de idiomas a cuestas
–¡Todo es progreso!–
Pero mi corazón se aprieta
Y pienso en ti El presidente
el policía el tendero
el vecino el microbusero y la puta
jugando a que somos felices
a que la tierra gira a que es suficiente
trabajar coger tomar cerveza
Y no digo nada que tú cariño mío no sepas
No digo nada que a ti carne mía no te duela
Y el ir y venir de mis pensamientos
que tan pronto van a ti entibiando
con tu recuerdo mis piernas
se encamina a las niñas violadas
a los obreros con sus pies asalariados
a los que talan árboles y aniquilan ceibas
a los que han olvidado que sale el sol
por el oriente todavía
¡Cariño mío! ¿Qué haremos si apenas somos
una mota en la arena?
Desearía tener un cincel con punta universal
Cariño mío ¿Qué haremos?
Si no puedes mirarme si no puedo mirarte
¿Acaso se puede restaurar la humanidad?
¿Dónde hallaremos la esperanza? ¿Debe un ángel
tomar carne para consolarnos?
No tengo palabras que sean mías
Con tristeza enuncio
No tengo palabras que sean mías cariño mío
Solo me quiebra mi pueblo
Solo me aturde esta querencia
Hace siglos que dejé el vicio de la pluma. Poco después también olvidé el uso del lápiz y la goma. Olvidé todo. Los pocos albores de los tres años se desvanecieron con la primera penetración; y aquella profunda dulzura furiosa que, dicen, arde en los besos, quedó ahogada en la telaraña de una boca salivosa a los seis años y medio. ¿Qué puede sobrevivir?
Se fueron mis manos y mis pies cuando estuve lista para parir el primer hijo. Fue una atroz coincidencia. Primero apareció un gemido agudo en medio de la noche, luego fueron quejidos gozosos. Estuve creyendo que si permanecía estática todo acabaría rápido, pero se prolongó tanto que di manotazos a los proyectos. Así acabé alejándolos. La primera vez tenía quince años; la segunda no sé.
Quedó una tumba. La ausencia de la pluma y del lápiz están ahí ocupando un tiempo y un espacio, el extraño hueco de la goma trabaja.
Habrá que buscar. ¿Pero qué buscamos? Al amanecer caminé hacia el campo, extendí mi mano, hacía frío y se divisaban algunos lejanos puntos brillantes en el cielo, quise que fueran estrellas. No había deseos. O tal vez sí en el microcosmos que soy.
Se escucha el latido.