Manos blancas

En tus manos blancas

llevas la madeja de tus ilusiones,

muertas para siempre, y sobre tu alma

la pasión hambrienta de besos de fuego

Lorca

Tus manos blancas

sobre el cuaderno blanco

donde escribes con tinta negra

el gris futuro de tus quimeras

Tus manos blancas

sobre el cuaderno blanco

arrastrándose ligeras

como culebras sobre la arena

blanca de los desiertos albos

 Y tu cabellera cayendo

   gusanos de seda

en el lupanar de una guanábana

sobrepelliz de viento negro

Tus manos blancas

plumas de ave y rayos de sol

en las viejas letras donde los viejos poetas

labraron caminos  a un lado

de los vasos de licor

Tus blancas manos, malditas,

que me hicieron llorar a Baudeliere cuando

esperaba a su puta amada

en el rincón del cuarto en que murió

Fue él y no Rimbau ni Zola

ni Paz ni Neruda ni Sabines

ni mi loco enternecedor de cielos

ni… bah!  Nadie sino él

quien llegó buscando tus blancas manos

caídas sobre tu cuaderno

blanco

arrastrando tinta negra

(un alma semejante a la mía)

hasta un frasco de ajeno licor

Cadena

huyendo de antiguas creencias por no amarte

¿qué haré entonces si soy polvo enamorado

sal de fuego      punta de mundo inexistente

palabra sinsentido   luna caída sobre ríos?

la derecha esta desviada hacia la izquierda

y no existe a pesar de que la veo

la izquierda es un camino de llanto sinsentido

¿y tú? ¿y tú? para qué se habrán cruzado nuestras veredas

de humanos engreídos de la ciencia del espejo

para qué habría de responder mi alma

–no el cuerpo ni la idea sino el alma–

a eso incompresible que mostraste

te odiaría pero mi orgullo te protege

te amaría pero mi inoportuna conciencia me retira

maldeciría si, con el alma enfebrecida

apasionada por el dolor que no cabe ya en mi cuerpo

y me muero de un momento a otro

de tanta pena que no concibo

y vuelvo    vuelvo a la cordura de los creyentes que se salvan

por la ceguera de su cobardía

y acomodo al Dios según son mis dolencias

pero ahora no puedo mirarlo ni podría

con tanta violencia como siento en mí

que se levantan los océanos sobre la tierra

después de haber aparecido las señales en el cielo

y no pasa nada

y el mundo sigue tranquilo

y adentro muy dentro

donde no alcanzaría de mí ninguna forma

soporto un Apocalipsis que destruye un mundo para crear otro

que no es mío    que no quiero    que no conozco

pero que finalmente soy yo

construida por conjunciones ilativas que no dejan respiro

entre las ideas y los sentires     y estará bien ese nuevo mundo que soy

porque no cabrás nunca más tú entre mis memorias

no     nunca tendrás espacio

no entre las ruinas

lo mismo esa esperanza que sembraste

no se si muera o si viva

pero no en mí

nunca más tú después de esto

sólo las palabras –si la Palabra me quisiera

así con tanto huracán tanta ventisca

que enloquece–

las que encuentre por mi camino

Si no vuelves

le escribiré a Alfonsina o le robaré su vestido de mar

No a Gabriela

porque ella es muy feliz cantándole a sus niños

pero Alfonsina entenderá de esta locura

y si le robo su vestido

quien sabe

tal vez me lo regale o consiga algún otro parecido

–si la Palabra se me aleja entre mis andares

ires y venires en runas ruinas y altares que no tienen

un fin ni un camino–

Entonces ni me mires ni digas mi nombre

ah mi nombre

que siempre designó para mí a un desconocido

aunque para otros fue una ofensiva por la supervivencia

el nombre que en boca de un santo pareció Palabra

el nombre que nunca tuvo significado

que nunca amaste

y que tus labios nunca pronunciaron sino para maldecirme

con esa negación horrísona del amor que te pedí estúpidamente

sin llorar creyendo en mí  o en lo que era

y dejándote ir, estúpidamente, respetando tu libertad

maldita sea y luego ¿qué?

no es fácil ya este abandono

no es posible decir todavía que quizá vuelvas

Esta palabra suspende la rotación

el corazón no late

espera

nada se mueve y tan adentro se avecina un silencio devastador

de espanto

–que la Palabra me proteja–

eres la más cruel de las presencias

Oh, mariposa feliz

de amarilla esperanza, vuela

del balcón azul y la dulce adelfa

por la ciudad

y leve

con el toque sutil de tu aleteo

del pensamiento al pecho penetra

de aquél que amo y dile:

Una rosa hay en lo valles,

una flor para tu palacio dispuesta.

¡Oh soles de Oriente y Occidente

escuchen la salmodia del silencio:

La fuente de mármol se ha hecho carne,

el cedro libanés inclina su rama,

el roble acepta el nido,

el manzano alimenta a la paloma!

Oh mariposa feliz

busca en su mano la caricia

            y si es dormida

torna entre mi seno y muere

de amarilla esperanza llena.

Niña del cielo 11

Niña del cielo

Flor de la tierra

De Dios elegida

Para subyugar

Con mirar materno

El corazón divino

Y al hombre que sufre

De Dios alcanzar

Gracia de adorarle

Con filial afecto

Y a ejemplo de ella

En cada uno encarnar

Oh amorosa madre

Inflama mi celo,

El amor, la fuerza

Y la caridad.

Oh lirio del valle

De Dios hazme hija

Fiel y mansa esclava

De su Voluntad

Que Dios te bendiga

Humilde María

Gracias hoy te doy

Por tu gran bondad

Y Dios me haga hija

De la morenita

Nacida entre rosas

En el Tepeyac

Mientras recorres la vida 10

Mientras recorres la vida

Tú nunca solo estás

Contigo por el camino

Santa María va.

Ven con nosotros al caminar,

Santa María, ven. (2)

Aunque te digan algunos

Que nada puedes cambiar

Lucha por un mundo nuevo

Lucha por la verdad.

Si por el mundo los hombres

Sin conocerse van

No niegues nunca tu mano

Al que contigo está.

Aunque parezcan tus pasos

Inútil caminar,

Tú vas haciendo camino

Otros lo seguirán