Storniana si
entre los primeros pliegues de la falda marina
o buscándote en altamar
solamente porque te quiero
soy caracola ola velero
para poderte besar
Storniana si
entre los primeros pliegues de la falda marina
o buscándote en altamar
solamente porque te quiero
soy caracola ola velero
para poderte besar
Qué buena tarde para besarnos
mientras el sol estaba como un loco gritando en mitad de la calle,
y tú y yo mirándonos,
y la gente caminando como nubes que no pueden oscurecer
y tú y yo ahí, solos.
Qué buena tarde para conocer el amor.
En tus manos blancas
llevas la madeja de tus ilusiones,
muertas para siempre, y sobre tu alma
la pasión hambrienta de besos de fuego
Lorca
Tus manos blancas
sobre el cuaderno blanco
donde escribes con tinta negra
el gris futuro de tus quimeras
Tus manos blancas
sobre el cuaderno blanco
arrastrándose ligeras
como culebras sobre la arena
blanca de los desiertos albos
Y tu cabellera cayendo
gusanos de seda
en el lupanar de una guanábana
sobrepelliz de viento negro
Tus manos blancas
plumas de ave y rayos de sol
en las viejas letras donde los viejos poetas
labraron caminos a un lado
de los vasos de licor
Tus blancas manos, malditas,
que me hicieron llorar a Baudeliere cuando
esperaba a su puta amada
en el rincón del cuarto en que murió
Fue él y no Rimbau ni Zola
ni Paz ni Neruda ni Sabines
ni mi loco enternecedor de cielos
ni… bah! Nadie sino él
quien llegó buscando tus blancas manos
caídas sobre tu cuaderno
blanco
arrastrando tinta negra
(un alma semejante a la mía)
hasta un frasco de ajeno licor
huyendo de antiguas creencias por no amarte
¿qué haré entonces si soy polvo enamorado
sal de fuego punta de mundo inexistente
palabra sinsentido luna caída sobre ríos?
la derecha esta desviada hacia la izquierda
y no existe a pesar de que la veo
la izquierda es un camino de llanto sinsentido
¿y tú? ¿y tú? para qué se habrán cruzado nuestras veredas
de humanos engreídos de la ciencia del espejo
para qué habría de responder mi alma
–no el cuerpo ni la idea sino el alma–
a eso incompresible que mostraste
te odiaría pero mi orgullo te protege
te amaría pero mi inoportuna conciencia me retira
maldeciría si, con el alma enfebrecida
apasionada por el dolor que no cabe ya en mi cuerpo
y me muero de un momento a otro
de tanta pena que no concibo
y vuelvo vuelvo a la cordura de los creyentes que se salvan
por la ceguera de su cobardía
y acomodo al Dios según son mis dolencias
pero ahora no puedo mirarlo ni podría
con tanta violencia como siento en mí
que se levantan los océanos sobre la tierra
después de haber aparecido las señales en el cielo
y no pasa nada
y el mundo sigue tranquilo
y adentro muy dentro
donde no alcanzaría de mí ninguna forma
soporto un Apocalipsis que destruye un mundo para crear otro
que no es mío que no quiero que no conozco
pero que finalmente soy yo
construida por conjunciones ilativas que no dejan respiro
entre las ideas y los sentires y estará bien ese nuevo mundo que soy
porque no cabrás nunca más tú entre mis memorias
no nunca tendrás espacio
no entre las ruinas
lo mismo esa esperanza que sembraste
no se si muera o si viva
pero no en mí
nunca más tú después de esto
sólo las palabras –si la Palabra me quisiera
así con tanto huracán tanta ventisca
que enloquece–
las que encuentre por mi camino
Si no vuelves
le escribiré a Alfonsina o le robaré su vestido de mar
No a Gabriela
porque ella es muy feliz cantándole a sus niños
pero Alfonsina entenderá de esta locura
y si le robo su vestido
quien sabe
tal vez me lo regale o consiga algún otro parecido
–si la Palabra se me aleja entre mis andares
ires y venires en runas ruinas y altares que no tienen
un fin ni un camino–
Entonces ni me mires ni digas mi nombre
ah mi nombre
que siempre designó para mí a un desconocido
aunque para otros fue una ofensiva por la supervivencia
el nombre que en boca de un santo pareció Palabra
el nombre que nunca tuvo significado
que nunca amaste
y que tus labios nunca pronunciaron sino para maldecirme
con esa negación horrísona del amor que te pedí estúpidamente
sin llorar creyendo en mí o en lo que era
y dejándote ir, estúpidamente, respetando tu libertad
maldita sea y luego ¿qué?
no es fácil ya este abandono
no es posible decir todavía que quizá vuelvas
Esta palabra suspende la rotación
el corazón no late
espera
nada se mueve y tan adentro se avecina un silencio devastador
de espanto
–que la Palabra me proteja–
eres la más cruel de las presencias
de amarilla esperanza, vuela
del balcón azul y la dulce adelfa
por la ciudad
y leve
con el toque sutil de tu aleteo
del pensamiento al pecho penetra
de aquél que amo y dile:
Una rosa hay en lo valles,
una flor para tu palacio dispuesta.
¡Oh soles de Oriente y Occidente
escuchen la salmodia del silencio:
La fuente de mármol se ha hecho carne,
el cedro libanés inclina su rama,
el roble acepta el nido,
el manzano alimenta a la paloma!
Oh mariposa feliz
busca en su mano la caricia
y si es dormida
torna entre mi seno y muere
de amarilla esperanza llena.
Niña del cielo
Flor de la tierra
De Dios elegida
Para subyugar
Con mirar materno
El corazón divino
Y al hombre que sufre
De Dios alcanzar
Gracia de adorarle
Con filial afecto
Y a ejemplo de ella
En cada uno encarnar
Oh amorosa madre
Inflama mi celo,
El amor, la fuerza
Y la caridad.
Oh lirio del valle
De Dios hazme hija
Fiel y mansa esclava
De su Voluntad
Que Dios te bendiga
Humilde María
Gracias hoy te doy
Por tu gran bondad
Y Dios me haga hija
De la morenita
Nacida entre rosas
En el Tepeyac
Mientras recorres la vida
Tú nunca solo estás
Contigo por el camino
Santa María va.
Ven con nosotros al caminar,
Santa María, ven. (2)
Aunque te digan algunos
Que nada puedes cambiar
Lucha por un mundo nuevo
Lucha por la verdad.
Si por el mundo los hombres
Sin conocerse van
No niegues nunca tu mano
Al que contigo está.
Aunque parezcan tus pasos
Inútil caminar,
Tú vas haciendo camino
Otros lo seguirán