Para los días malos*

Autor desconocido

(Shola habla de los días malos)

Hay días malos en la vida

Son verdaderamente malos, efectivamente.

¿Y qué pasa entonces?

Pues pasa que me meto debajo de la cama.

Eso pasa, efectivamente.

Va Grogó y me dice: ¿Salimos de paseo?

Yo le digo: ¡No! ¡Déjame en paz!

¿No ves que es un día malo, efectivamente?

Luego viene Mary Brau Brau

y me invita a jugar a los ratones.

Yo le digo: ¡No! ¡Déjame en paz!

¿No ves que es un día malo, efectivamente?

Mas tarde vienen los dos juntos,

me ruegan, me imploran, me lloran, etcétera.

¿No quieres leer un cuento muy divertido?, dicen.

Yo no digo nada, guardo silencio efectivamente,

porque yo soy así, tengo mucha personalidad.

Viene por fin una señora, y me razona así:

¿No quieres salir de debajo de la cama?

Ya sé que es un día malo efectivamente,

pero es que pasa una cosa…

¿Qué cosa?, pregunto yo toda intrigada.

Ella responde: Pues pasa que te he preparado

un plato de carne con arroz. ¿Qué hago? ¿Lo tiro?

¡Tirar?, grito yo, ¿Estás loca o qué?

Salgo de mi escondite

y voy a la cocina disparada:

toda regla tiene sus escorpiones.

Dolencia

Me senté en el quicio de una baranda de piedra, pero me levanté enseguida porque tenía que irme. Bajé los escalones y en el descanso me detuve para que pasaran los frailes, era un grupo de seis, siete monjes que ayudaban a dos que venían muy lastimados, como si los hubieran golpeado. Realmente llamaron mi atención, y pensé en los motivos por los cuales estarían es ese estado, y era porque sufrían los embates del demonio, como en paz descanse los padecía el difunto padre Pío por los pecadores. Me conmoví profundamente.

En cuanto pasaron terminé de bajar. Había un atrio grande, con jardín al centro. Y había mucha gente, como en una fiesta de pueblo. Un cura llegó vestido con una sotana de colores vivos, bonita; y una mujer me dijo que me acercara para saludarlo, porque era yo quien tenía amistad con él. Pero no le hice caso y me fui para otro lado. La verdad es que tenía dolencia en el corazón porque recordé que él me había sacado de su vida, que yo había quedado fuera de él. Al alejarme vi a la mujer, ella estaba con otras personas y él se acercó a ellas saludándolas efusivamente; y eso me dolió más.

Entonces apareció mi padre con un niño en brazos, vestido para un bautismo, y bailando con un gusto inusual. Me uní a él. Bailé para olvidar el dolor.

Cita

Las estrellas que ríen

«— La gente tiene estrellas, pero no significan lo mismo para todos. Para algunos, los que viajan, las estrellas son sus guías. Para otros solo son lucecitas. Para los sabios las estrellas son motivo de estudio y para mi hombre de negocios, eran oro. Pero todas esas estrellas no dicen nada. Tú tendrás estrellas como nadie ha tenido…

— Explícame. — Por la noche, al mirarlas, como sabes que yo habito en una de ellas y ahí estaré riendo, será para ti como si todas las estrellas rieran. ¡Solo tú tendrás estrellas que saben reír!»

El principito, Antoine de Saint-Exupéry.

Cita

Solo se conoce bien lo que se domestica

«—¡Por favor!… domestícame — le dijo.

—Bien quisiera hacerlo — respondió el principito — pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.

— Solo se conoce bien lo que se domestica — dijo el zorro. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada; todo lo compran ya hecho. Y como en las tiendas no se venden amigos, los hombres ya no tienen amigos. ¡Si quieres tener un amigo, entonces debes domesticarme!

— ¿Qué debo hacer? — preguntó el principito.

— Debes ser muy paciente — respondió el zorro —. Al principio te sentarás sobre la hierba, un poco retirado de mí; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no dirás nada, pues el lenguaje puede ser fuente de malos entendidos. Entonces, al pasar los días, te podrás sentar cada vez más cerca…

Al día siguiente el principito volvió. — Es mejor que vengas siempre a la misma hora — dijo el zorro —. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, yo desde las tres comenzaría a ser dichoso. Conforme avance la hora, más contento me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, así descubriré lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, yo nunca sabré cuándo preparar mi corazón […]»

El principito, Antoine de Saint-Exupéry.