huyendo de antiguas creencias
por no amarte
¿qué haré entonces si soy polvo enamorado
sal de fuego punta de mundo inexistente
palabra sinsentido luna caída sobre ríos?
la derecha esta desviada hacia
la izquierda
y no existe a pesar de que la
veo
la izquierda es un camino de
llanto sinsentido
¿y tú? ¿y tú? para qué se
habrán cruzado nuestras veredas
de humanos engreídos de la ciencia
del espejo
para qué habría de responder
mi alma
–no el cuerpo ni la idea sino
el alma–
a eso incompresible que
mostraste
te odiaría pero mi orgullo te
protege
te amaría pero mi inoportuna
conciencia me retira
maldeciría si, con el alma
enfebrecida
apasionada por el dolor que no
cabe ya en mi cuerpo
y me muero de un momento a
otro
de tanta pena que no concibo
y vuelvo vuelvo a la cordura de los creyentes que se
salvan
por la ceguera de su cobardía
y acomodo al Dios según son mis dolencias
pero ahora no puedo mirarlo ni
podría
con tanta violencia como siento en mí
que se levantan los océanos sobre
la tierra
después de haber aparecido las
señales en el cielo
y no pasa nada
y el mundo sigue tranquilo
y adentro muy dentro
donde no alcanzaría de mí ninguna
forma
soporto un Apocalipsis que
destruye un mundo para crear otro
que no es mío que no
quiero que no conozco
pero que finalmente soy yo
construida por conjunciones ilativas
que no dejan respiro
entre las ideas y los sentires
y estará bien ese nuevo mundo que soy
porque no cabrás nunca más tú
entre mis memorias
no nunca tendrás espacio
no entre las ruinas
lo mismo esa esperanza que sembraste
no se si muera o si viva
pero no en mí
nunca más tú después de esto
sólo las palabras –si la Palabra me quisiera
así con tanto huracán tanta
ventisca
que enloquece–
las que encuentre por mi
camino
Si no vuelves
le escribiré a Alfonsina o le
robaré su vestido de mar
No a Gabriela
porque ella es muy feliz cantándole
a sus niños
pero Alfonsina entenderá de esta
locura
y si le robo su vestido
quien sabe
tal vez me lo regale o consiga
algún otro parecido
–si la Palabra se me aleja entre
mis andares
ires y venires en runas ruinas
y altares que no tienen
un fin ni un camino–
Entonces ni me mires ni digas
mi nombre
ah mi nombre
que siempre designó para mí a
un desconocido
aunque para otros fue una ofensiva por la supervivencia
el nombre que en boca de un
santo pareció Palabra
el nombre que nunca tuvo
significado
que nunca amaste
y que tus labios nunca pronunciaron
sino para maldecirme
con esa negación horrísona del
amor que te pedí estúpidamente
sin llorar creyendo en mí o en lo que era
y dejándote ir, estúpidamente,
respetando tu libertad
maldita sea y luego ¿qué?
no es fácil ya este abandono
no es posible decir todavía
que quizá vuelvas
Esta palabra suspende la
rotación
el corazón no late
espera
nada se mueve y tan adentro se
avecina un silencio devastador
de espanto
–que la Palabra me proteja–
eres la más cruel de las presencias