Predicción

Mañana saldrá el corazón de su eje. Partirá la tierra en dos y sus polos magnéticos cambiaran su centro. Un maremoto sacudirá todas las costas de todos los continentes. Las montañas cederán a los collados y las praderas se tornarán abruptas. El cielo lloverá sangre. El dolor mismo del dolor conocerás. Y la indolencia pedirás como signo de paz, pues todo habrá cambiado en ti.

Amarás.

Amarás por única vez en tu vida. De la manera en que jamás imaginaste, pero que siempre has vivido. Amarás sin objeto amado. Amarás como yo amo: sin ser correspondido. Amarás en la desesperación y en el tormento; en la alegría y en la euforia. Amarás la mirada, el aliento, la palabra, el movimiento. Amarás la sombra. La presencia y la ausencia.

Desarráigame (fragmento)

Enriqueta Ochoa

Desarráigame ahora que un viento de sepulcros

me golpea en las arterias.

Desarráigame ahora.

Y yo siempre te dije

que no, que no, y que no;

que en mí no dispersaras el polvo de otro polvo

y no hincarás más soles en el río de mis venas.

Identidad

Laura Méndez de Cuenca. Laura. Grande Laura, de corazón profundo y vida caudalosa como de río grande, río de fronteras resueltas y vencidas, río maternal, río de Palabras. Dijeron que era mi nombre. Que me llamaba Laura como ella, y que como ella era poeta. La miré de cerca entonces y, efectivamente, teníamos las mismas aberturas en las manos; toda la palma y el dorso tenían puertas cuneiformes, arábigas y latinas, signos, íconos y símbolos dibujados, tenían rostros, cuerpos y almas, cielos e infiernos, caminos señalados. Y me llamaba Laura. Pero ¿era poeta?

La habitación

Tengo que decirlo para que se entienda. Al entrar a mi habitación me sentí completamente a gusto. La cama de tipo matrimonial del lado derecho con las sábanas moteadas, bien limpia y tendida. En la pared izquierda, junto a la entrada, una caja de madera; luego el ropero que aunque viejo y vacío, agradable; una mesa circular y pequeña, y el buró; luego, junto a la ventana, el pequeño escritorio donde colocaré la computadora. Todo sorprendentemente limpio y ordenado, fresco, con la ventana lo suficientemente libre para ser abierta y cerrada. Estoy aquí, de pie, contemplando mi vacío y ordenado cuarto; creo que moveré el buró para dejar más espacio junto al escritorio o quitaré la caja de la entrada… No tengo nada pero estoy en paz, contenta.

Después de ti, puedo continuar.

Pedazos de memoria

No he de traicionarte otra vez. Lo digo de corazón, con el corazón, esforzando al corazón, invocando al corazón. Mientras, procuro ver tus ojos y sentir tu mirada. Tú me conoces. Sería inútil ocultar lo que ni yo misma penetro en mí; no lo oculto más; callo lo que comprendo porque de sobra está entre tú y yo: no puedes ignorarlo. Aunque yo lo intento.

No me haré cruces. No me dividiré más. No dejaré que me alcance la destrucción y el caos. Me alejaré de la confusión como quien se aleja de una tormenta. Negaré todo. No escucharé más. Pensaré únicamente en ti, en que me quieres, en lo ideal que sería si yo también te quisiese, si ya te quisiera. Si nunca te hubieses asomado a mí por esos otros ojos… pero ahora diré un no sin mayor alteración. Y no iré detrás de algunos pedazos de memoria que claman por cobrar vida, que se levantan moribundos, que me piden a gritos que son súplicas que los levante y vuelva a encarnarlos en mi vientre, en mi seno, en mi palabra. Quieren vivir. Piden vida; la misma que yo pido. La que busco en esta vida que no es vida.

Como ellos me levanto hacia ti. Así como ellos vienen a mí, me arrastro a ti y clamo en gritos que son súplicas: Sálvame con tu amor. Acéptame en ti. En tu corazón incomprensible, inabarcable, imperturbable. En tu amor inmutable y receptivo.

No volveré a traicionarte otra vez. Procuro convencerme. Lo digo para mí. Porque lo que conozco de mí no es confiable.

Por lo demás, tú me conoces. ¿Podría engañarte?